El ruido que acompaña a Vargas Lleras

A pocos días de que el presidente Juan Manuel Santos anuncie el nombre de la persona que lo acompañará en condición de vicepresidente, hay un enorme e inquietante ruido alrededor de Germán Vargas Lleras, el favorito en todas las apuestas. “Ponerlo ahí es como acostarse a dormir con el enemigo”, prevé el senador Armando Benedetti; “será como una piedra de moler en el cuello”, presagia el también senador Roy Barreras; “no generará cohesión”, pronostica Simón Gaviria, jefe único del Partido Liberal.

¿Se imagina cómo reaccionaría un aspirante a un cargo al saber que los miembros de la junta directiva de la empresa hablan así de él cuando el jefe está a punto de tomar una decisión? Posiblemente entraría en estado de depresión. En el caso de Vargas Lleras, se le ve radiante, como lo muestran las fotos puestas por él en su cuenta de Twitter, tomadas en las últimas horas.

Además de esta paradoja sufrió, una sorprendente metamorfosis comunicativa. De aquel político locuaz pasó al silencio absoluto. Un mutismo que cumple seis meses y que tiene varias explicaciones, según las personas que lo conocen bien.

Ellos interpretan que Vargas lee varios escenarios de la realidad política. El primero es que las opiniones de los dirigentes de La U (Benedetti y Roy) y de los liberales son naturales en una campaña electoral. “Mientras más duro le den a Vargas, más suenan y crean la percepción de que tienen tanto peso que incluso son capaces de decirle a Santos qué hacer en un hecho tan trascendental como elegir vicepresidente”.

Esto se entiende porque Vargas es el jefe natural de Cambio Radical, la otra pata del trípode político que se montó para reelegir al actual presidente junto con La U y el liberalismo. El partido más votado de estos en las próximas legislativas tendrá mayor poder en los años por venir. No sólo en la línea a seguir sino en el reparto burocrático.

La otra lectura que hace Vargas es que desde ya quieren descalificarlo para el período 2018-2022. “Para nadie es un secreto que Benedetti, Barreras y Gaviria creen que en cuatro años pueden estar en la baraja de aspirantes a la Casa de Nariño, pero saben si se lo encuentran a él en el camino seguro perderán”, augura un hombre que lo conoce bien y que sabe de su potencia electoral: en las pasadas elecciones presidenciales, sacó 1.473.000 votos y muchos creen que si la campaña hubiera tenido un par de semanas más había pasado a segunda vuelta.

Sus críticos, sin embargo, argumentan que su rechazo a Vargas no es un asunto de incierta futurología sino que de por medio está la bandera más importante de la administración Santos: el proceso de paz. Para ellos, el exministro del Interior y de Vivienda es un hombre de mano dura y bastante renuente al diálogo con la guerrilla. Por eso, aceptan que si él hace un juramento público de que respaldará incondicionalmente el proceso de negociación con las FARC, están dispuestos a respaldarlo.

Por ahora, valoran más al general Óscar Naranjo, hoy en la Mesa en La Habana, y comprometido día y noche a la salida negociada al conflicto.

El otro temor de quienes se oponen a una designación de Vargas es de carácter personal. Como se trata de un hombre incansable, amante de los resultados y que no puede estarse quieto, temen que no aguante muchos días en el decorativo cargo de vicepresidente y empiece a hacer su propia agenda. “Angelino Garzón tenía una libertad crítica que muchos sectores de opinión interpretaban como una especie de piedra en el zapato”, dice Roy Barreras. “Pero si Angelino era para algunos una piedra en el zapato, lo van a extrañar porque Vargas será una piedra de moler en el cuello”.

Ante el irónico comentario que dice que Uribe eligió a Santos para que lo traicionara y que este va a elegir a Vargas para que lo traicione, en el círculo cercano a Vargas rechazan tan sombrío presagio. “Basta ver la realidad –dicen–. Llevan seis meses dándole todo el palo que pueden, y Vargas callado, respetuoso. Absolutamente leal a Santos”. Incluso, recuerdan que “con el 26 % en las encuestas, todos le dicen a Vargas que se lance porque esta es su hora y que podría ganarle con relativa facilidad a los demás candidatos, incluido el presidente. Y él, sin embargo, no lo hace por respeto a él”.

Entre tanto, Vargas sigue en lo suyo. Convoca multitudes, como lo hizo durante este fin de semana en distintas poblaciones de la Costa Caribe en condición de líder incuestionable de Cambio Radical, y despierta recelo entre los dirigentes de La U y del liberalismo por su posible designación a la vicepresidencia. Aunque él guarda silencio, el ruido lo sigue a todas partes.

Pd: A pesar de las críticas y de los duros comentarios con los que liberales y líderes de La U se refieren al exministro, en la tarde de este lunes, en la fundación Buen Gobierno, posaron sonrientes para la foto de la instalación del comité político de la campaña reeleccionista, que lidera Vargas Lleras y de la cual hacen parte los directores de los partidos políticos de la Unidad Nacional. El exministro estrella aparece abrazado con el jefe de La U, Sergio Díaz-Granados, y muy cerca se le ve sonriente y efusivo a Simón Gaviria, el jefe del Partido Liberal. La imagen dice más que mil palabras. Vargas Lleras asegura que si hubo fisuras eso es asunto del pasado. Lo que no se sabe es si estas sonrisas son por conveniencia o por convicción. 

Reportaje Revista Semana

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