¡Celebremos la Independencia!

Cali es mi ciudad, donde nacieron y crecieron mis hijos, mi pareja, mis sueños y mis planes acariciados por la brisa del Pacífico y el rumor de sus siete ríos tutelares. Hay otras ciudades, claro, más bellas y otras más grandes y otras más desarrolladas y otras más cosmopolitas, pero Cali es mi ciudad, es mi reina. Es aquella donde me siento en casa, es mi hogar del pandebono, del aborrajado, del ‘mirá vé’, del trato cálido, afectuoso y casi musical entre sus gentes.

Crisol de razas donde a comienzos del siglo XX encajaron olas migratorias de italianos, españoles, judíos, vascos, alemanes y se fundieron en una sola caleñidad. Mis abuelos paternos fueron parte de esa ola migratoria. Igualmente llegó la ola migratoria antioqueña y del Eje Cafetero y sigue llegando en esa mezcla que nos permite escoger entre el sancocho de Ginebra y la bandeja paisa, y que podamos sentir nuestros los dos.

Orgullosamente, Cali es también la capital negra de Colombia. Más de un millón de afros, mulatos y morenos. Cálidos, calientes, salseros, con risas que iluminan y sueños que estimulan, son nuestra Cali del alma. Por ellos, para ellos, por todos y para todos Cali merece un mejor futuro. Merece un mejor desarrollo, merece un norte, merece crecer, merece no estancarse. ¡Cali cuenta con nosotros!

Las ciudades como los pueblos y las naciones nacen a la libertad verdaderamente el día que se independizan. Hay muchas maneras de ver la historia; el día fundacional también es el día de la raíz colonial, el día de la Independencia es el día de la autonomía republicana. ¡Celebremos este día!